martes, 12 de marzo de 2019

El amor y la violencia en la pareja

La poeta uruguaya Cristina Peri Rossi afirma que “el amor es una droga dura”. Yo diría que a veces lo es, justamente cuando no se puede aceptar la diferencia que separa a un sujeto de otro, la alteridad que nos recuerda que somos dos en lugar de uno los que componemos ese vínculo que a veces nos confunde y nos hace creer que somos uno solo fundidos. Confusión quiere decir “fusión con” (con ese otro que amo, que me alimenta el alma, que me hace ser).
El amor hace ser hasta tal punto que en casos extremos un hombre puede llegar a creer erróneamente que su mujer es parte de sí mismo, que está para atenderle, para cuidarle y, si no está, es que no le quiere, le hace daño, le odia y despierta todo su odio. Y una mujer, en casos extremos, puede creer que con el amor que su compañero le tiene le hace ser de tal modo que tiene que soportar lo que sea con tal de no perderlo. Si luego él no la trata bien, cree que es porque seguramente ha hecho algo malo y procura redoblar sus cuidados y atenciones.
El anhelo de fusión es especialmente fuerte en la pasión amorosa. Toda pasión tiene un punto de alienación o de locura que el lenguaje registra como folie à deux cuando se refiere a unos vínculos pasionales intensos que afectan a los dos protagonistas de la relación. Pero como toda pasión es un engaño, a quienes son víctimas de ella sin advertencia ninguna, la realidad se encarga de hacerles sentir que las diferencias son inevitables y con ellas, las frustraciones. Dependerá del grado de madurez que cada cual tenga para reconocer esta dolorosa verdad para que su comportamiento frente a las decepciones inevitables y/o las separaciones sea de un duelo razonable que ayude a madurar y a distanciarse para no quedar atrapado en un vínculo sin salida o, por el contrario, sean el rencor y la furia.


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